viernes, 16 de octubre de 2026

llueve.

Llueve, y eso no tendría nada de especial pero el otoño en el desierto es como cambiar de mundo. El encino y el fresno se despiden de sus ojas, la ciudad se ve limpia, apacible. Huele a pan, a vida. Me gusta pensar que otoño es una mini navidad sin tanto ruido, el vernao ya paso, con sus idas y vueltas, con su incomidad y noches de cerveza. Te fuiste un septiembre casi al iniciar el otoño mis manitas frias jalaban la sábana para taparme sin saber que jamás te volvería a ver. La nostalgia es parte del paisaje y las gotas sobre la ventana un recordatorio constante. Nada permanece, asi como las hojas que caen, asi como el tiempo corre, vamos desnudandonos de lo que somos y vistiendo algo diferente. llueve y quiero limpiar mi paladar con esa agua, suavizar mis penas y encontrar un sillon en el cual contemplar mi creación.